Oficialismo sin territorio propio, lejos de la primera vuelta y con el peronismo en disputa. Los gobernadores podrían definir el mapa de 2027.

Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial (IA).


El escenario político nacional de cara a las elecciones presidenciales de 2027 empieza a estructurarse sobre un complejo tablero de tres bandas. Por un lado, la Casa Rosada enfrenta severas dificultades para construir territorialidad propia fuera del ecosistema digital, lo que obliga al presidente Javier Milei a depender de una polarización táctica con Cristina Fernández de Kirchner y del auxilio parlamentario de Mauricio Macri. Por el otro, el peronismo atraviesa una abierta disputa por la conducción de su espacio, jaqueado entre el intento del kirchnerismo duro por preservar la centralidad del movimiento y la emergencia de Axel Kicillof como la única figura con gestión en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la clave que puede terminar desequilibrando la balanza electoral radica en el comportamiento de los denominados "gobernadores dialoguistas", cuyo pragmatismo altera los cálculos de Balcarce 50 y de la oposición.

Las recientes elecciones municipales en Santiago del Estero expusieron las severas limitaciones de La Libertad Avanza para penetrar las hegemonías provinciales: el aplastante triunfo del Frente Cívico de Gerardo Zamora, que obtuvo la totalidad de los municipios, redujo a la fuerza oficialista a apenas tres concejales sobre casi doscientos en disputa. Esta debilidad estructural se alinea con los últimos informes de firmas como CB Consultora, Aresco, Zuban Córdoba y Opina Argentina, cuyos relevamientos ubican la intención de voto del Presidente sensiblemente alejada de los umbrales necesarios para un triunfo en primera vuelta. Ante este techo electoral, el Gobierno apela a una polarización asimétrica: necesita a Cristina Fernández de Kirchner para cohesionar a su núcleo duro y fragmentar a la oposición, mientras ataca de manera sistemática a Axel Kicillof, tildando su gestión bonaerense como un enclave "comunista", para obturar de antemano la conformación de un frente opositor amplio no kirchnerista.

De la disputa Kicillof-CFK a la centralidad táctica de los gobernadores dialoguistas

En el campo opositor, la contienda por el liderazgo y la candidatura de 2027 se aceleró rápidamente. La reciente cumbre peronista en La Rioja expuso el nivel de tensión interna: la ausencia deliberada de Kicillof y los velados dardos lanzados por Máximo Kirchner evidenciaron que la convivencia entre el Instituto Patria y la gobernación bonaerense atraviesa su punto más crítico. Las visiones sobre el futuro del espacio se dividen: mientras referentes como Miguel Ángel Pichetto sostienen la necesidad de respaldar los reclamos y presentaciones internacionales de Cristina Fernández de Kirchner para dotar de legitimidad al candidato que surja del espacio, figuras de peso como Aníbal Fernández ubican explícitamente a Kicillof por encima de la expresidenta, señalándolo como el único dirigente con densidad electoral propia para disputar el poder. A esta interna se le suma la incertidumbre judicial derivada del "caso Fontevecchia" y los condicionamientos procesales sobre la figura de la expresidenta, los cuales vuelven impredecible su viabilidad en las boletas de 2027.

En este marco de fragmentación, la estrategia de los gobernadores "dialoguistas", entre los que destacan Osvaldo Jaldo (Tucumán), Martín Llaryora (Córdoba), Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca) y Hugo Passalacqua (Misiones), adquiere un peso determinante. La decisión de la mayoría de estos mandatarios de desdoblar las elecciones en sus distritos responde a una maniobra de supervivencia: buscan blindar sus gestiones locales sin el ruido de la grieta nacional y evitar quedar expuestos al arrastre o desgaste de las boletas presidenciales. Este desacople les otorga un margen de autonomía que transforman en moneda de cambio en el Congreso, garantizando votos clave para la Casa Rosada, como el debate sobre la suspensión de las PASO o el Presupuesto, a cambio de alivio financiero, adelantos de coparticipación y recursos para obras, una dinámica de presión presupuestaria que el propio Kicillof ha criticado abiertamente.

De cara a 2027, estos caciques provinciales no planean sumarse de forma subordinada al liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner ni al proyecto de Kicillof, salvo que se les garantice un esquema de estricto federalismo fiscal. Tampoco contemplan fusionarse con una marca libertaria sin estructura local sólida. Su estrategia será apoyar tácticamente a la Casa Rosada en la medida en que les garantice gobernabilidad económica, pero conservando su capital político intacto para cotizar su respaldo en un eventual balotaje. Entre un Gobierno nacional que apela al choque cultural para disimular su debilidad territorial y un peronismo que busca ordenar su mando sin fracturarse, los gobernadores se erigen como los verdaderos árbitros del poder real en la Argentina.