Los referentes del peronismo tucumano miden acciones, reacciones y se envían mensajes a través de las fotos



Las imágenes difundidas por la dirigencia política tucumana, y los encuentros reservados que se dejan trascender, responden a una estricta medición de fuerzas donde cada encuadre busca fijar postura o enviar advertencias. En la interna del peronismo provincial, la fotografía sustituyó al acuerdo formal como canal de negociación y disuasión entre el Poder Ejecutivo, la intendencia de la Capital y las facciones desplazadas.

En la gobernación, Osvaldo Jaldo sostiene una estrategia centrada en la exhibición de gestión territorial, inauguración de obras e intercambios con la administración nacional para el envío de fondos. En ese recorrido aparece de forma sistemática el vicegobernador Miguel Acevedo. La presencia constante de la dupla en la foto oficial no solo ratifica la intención de repetir la fórmula ejecutiva, sino que expone la ruptura del compromiso implícito que preveía devolverle ese lugar a Juan Manzur. Acevedo, promovido en su momento por el manzurismo para garantizar el retorno de su conductor, se integró al esquema jaldista y dejó sin efecto la tutela política del exgobernador.

Ese despliegue institucional convive con maniobras de presión en la Capital. La intendenta Rossana Chahla enfrentó reclamos del sector de taxis articulados tras un encuentro de los dirigentes gremiales con el ministro del Interior, Darío Monteros, en simultáneo con la filtración de una reunión privada entre Jaldo y el exintendente Germán Alfaro en su domicilio. Aunque el encuentro con el referente opositor se realizó sin fotos, su difusión buscó transmitir la capacidad del Poder Ejecutivo provincial de articular alternativas políticas en el principal distrito electoral.

La respuesta del municipio fue inmediata y se expresó en el mismo código visual: una foto cotidiana entre Chahla y el diputado nacional Carlos Cisneros. El origen de esa relación se remonta a la primera candidatura de la intendenta, promovida por Manzur, quien asignó la jefatura de campaña al dirigente bancario. La posterior frustración de la fórmula nacional Wado-Manzur dejó compromisos políticos impagos y alejó a Cisneros de la conducción del exgobernador, asumiendo un rol de guía directa sobre la gestión capitalina. La foto junto a Cisneros cobró peso inmediato porque el diputado encabeza una ofensiva mediática para declarar la inhabilitación constitucional de Jaldo a la reelección, un choque profundizado tras la decisión del gobernador de quitarle al sector bancario la administración de la Caja Popular de Ahorros. Mostrar esa cercanía operó como un mensaje de disuasión desde la Capital frente a las presiones del Ejecutivo.

En el extremo opuesto del escenario, los movimientos de Juan Manzur reflejan un aislamiento creciente respecto del armado provincial. Sus principales apuestas políticas, como Acevedo en la Legislatura y Chahla en el municipio, construyeron dinámicas propias e ignoraron su liderazgo. Ese repliegue se vincula a la percepción extendida entre intendentes y legisladores sobre el incumplimiento de acuerdos por parte del exmandatario. Sin estructura territorial en la provincia tras tres años de escasa visibilidad en el Senado, la foto de Manzur junto a Cristina Fernández de Kirchner en su residencia no respondió a un proyecto electoral con arrastre popular, sino al intento de utilizar el capital simbólico del kirchnerismo para conservar margen de negociación.

Esa lectura de debilidad fue ratificada de forma directa por el propio Jaldo en conferencia de prensa, al ser consultado sobre la imagen del senador nacional con la expresidenta. El gobernador canceló cualquier valor estratégico del encuentro al señalar que Manzur, ante su falta de peso político local, "fue en busca de una pollera", y añadió que "es un pollerudo". La descalificación pública no solo buscó desactivar el impacto de la foto, sino confirmar que el oficialismo provincial considera cerrada la etapa de Manzur como ordenador del peronismo tucumano.

El mapa visual de Tucumán expone un peronismo donde los gestos gráficos, y los exabruptos verbales que los responden, reemplazan a la palabra empeñada. Entre fotos de obras que sellan fórmulas, encuentros secretos que insinúan alianzas y declaraciones que blanquean el quiebre interno, la política local se ordena a través de imágenes y reacciones que miden costos ante el próximo turno electoral.