Cada 28 de mayo se celebra el Día Nacional del Ceremonial en nuestro país, una fecha que la mayoría de los calendarios conmemora de manera automática, pero que en realidad esconde el primer gran debate sobre cómo debía distribuirse y controlarse el poder en nuestra historia. Para entender el valor real de la organización institucional, es indispensable unir dos decisiones políticas que moldearon la estructura de la República: el reglamento firmado un día como hoy y el decreto emitido meses después. No hay contradicción entre ambos hitos, sino una evolución que demuestra cómo
el Ceremonial de Estado se utilizó desde el primer momento como una herramienta de gobernabilidad.


A solo tres días de la destitución del virrey Cisneros, el 28 de mayo de 1810, la Primera Junta emitió el "Reglamento para el Ejercicio de la Autoridad". Este documento se convirtió en el primer cuerpo normativo de protocolo del país, redactado para responder a una necesidad inmediata y operativa: establecer el funcionamiento diario de los papeles del Estado y definir el tratamiento formal que recibiría el nuevo gobierno para heredar la obediencia que antes se le rendía a la corona española. Este paso administrativo es el que reconoce el Decreto Nacional 1574 de 1993 para fijar la celebración que nos convoca hoy. Fue, técnicamente, el acta de nacimiento de las estructuras públicas de la Patria.

Sin embargo, aquel ordenamiento inicial arrastraba una inercia colonial peligrosa al otorgarle al presidente del cuerpo, Cornelio Saavedra, una jerarquía militar y unos honores individuales idénticos a los del antiguo Virrey, incluyendo escolta y comitiva exclusiva. El quiebre definitivo de esa lógica ocurrió la noche del 5 de diciembre de 1810 en el cuartel de Patricios, cuando el festejo por la victoria de Suipacha derivó en una coronación simbólica de Saavedra. La respuesta institucional no tardó y, al día siguiente, Mariano Moreno redactó el histórico Decreto de Supresión de Honores del Presidente. Aquella firma no eliminó las formas, sino que las corrigió para adaptarlas al modelo republicano, determinando que los honores y tratamientos de alta jerarquía le correspondían estrictamente a la institución en corporación y nunca más a las personas de manera individual.

La evolución entre mayo y diciembre de 1810 deja una lección idéntica para la gestión pública y empresarial de la actualidad. El 28 de mayo nació el ceremonial argentino para ordenar el funcionamiento del Estado, y en diciembre se reformó para salvar la República del personalismo. El cumplimiento de las normativas formales, el ordenamiento de las precedencias y el cuidado de los detalles en los actos públicos no corresponden a un gasto superfluo o a una herencia nostálgica. El Ceremonial de Estado es la manifestación física del respeto por las instituciones. Una organización que respeta sus propias reglas demuestra madurez, estabilidad y previsibilidad ante sus ciudadanos y ante el mundo.