El "Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas" no es un feriado festivo, es una jornada de conmemoración oficial. A más de cuatro décadas del conflicto, la impericia técnica en los actos públicos sigue transformando el homenaje en un mitin político mal ejecutado. Sello 360 audita las reglas inquebrantables del Ceremonial de Estado para que el respeto a nuestros héroes no se pierda en la negligencia burocrática.

Foto: Monumento a los Héroes de Malvinas - Río Grande, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur


El 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas argentinas ejecutaron la Operación Rosario, desembarcando en Puerto Argentino y recuperando temporalmente el ejercicio de la soberanía sobre las Islas Malvinas. Hoy, en 2026, a 44 años, el Estado no solo tiene el deber de recordar, sino la obligación legal de hacerlo bajo normas estrictas.

Mediante la Ley 25.370, la fecha lleva el nombre oficial de "Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas". El Estado habla a través de su protocolo: el orden de los asientos, el tratamiento de una bandera y la disciplina sonora son mensajes de poder normados por leyes y costumbres. Cuando el ceremonial falla en cualquier nivel (nacional, provincial o municipal), el Estado falta al respeto.

Estos son los cinco ejes técnicos que los gobiernos de todo el país deben cumplir a rajatabla en sus actos oficiales para no licuar el honor de la efeméride:

1. El Pabellón Nacional: el mito de la "media asta" 

El error vexilológico más repetido cada 2 de abril es izar la bandera a media asta creyendo que es la forma correcta de honrar a los caídos. Desde la técnica legal, esto es un error grave. La Ley 25.370 instituye un día de conmemoración y homenaje, no de "Duelo Nacional" (figura que solo puede dictarse por Decreto del Ejecutivo Nacional). Al homenajear también a los veteranos vivos y la reafirmación de la soberanía, el protocolo oficial indica que la bandera debe izarse a tope del mástil. Bajarla a media asta sin un decreto específico que lo avale no es un acto de respeto, es desconocimiento jurídico de los símbolos patrios, lo que genera una penosa falta de uniformidad visual en las plazas e instituciones públicas.

2. La Precedencia: el veterano como invitado de honor 

El error más grave en los palcos oficiales es la alteración de la jerarquía. Es habitual ver a funcionarios de segunda línea o asesores ocupando la primera fila, mientras los Veteranos de Guerra de Malvinas (VGM) son relegados a los laterales o ubicados de pie debajo del estrado. Técnicamente, en su día, el veterano es el "invitado de honor". El Ceremonial de Estado exige que su ubicación sea de estricta cercanía a la máxima autoridad anfitriona (Presidente, Gobernador o Intendente), desplazando a funcionarios menores. Usar a los veteranos como "fondo de foto" y negarles su precedencia es una transgresión institucional severa. Su tratamiento oral debe ser siempre "Veterano de Guerra de Malvinas" antes que cualquier otro cargo.

3. Ofrendas y condecoraciones: no es un trámite 

La colocación de palmas, coronas o la entrega de medallas son el núcleo material del homenaje. Sin embargo, los funcionarios suelen convertirlo en foto de campaña. El protocolo estricto exige que la ofrenda floral se deposite con absoluta solemnidad: quien la presenta debe dar un paso atrás, adoptar la posición de firme y realizar una leve inclinación de cabeza. Sonreír a las cámaras en este momento es una falta de decoro imperdonable. Asimismo, cuando se entregan reconocimientos o condecoraciones, no debe hacerse como en una línea de ensamblaje. La autoridad debe acercarse al veterano o disponer un espacio central, invistiéndolo con el tiempo y la dignidad que la medalla representa.

4. El mapa sonoro oficial: Himno Nacional, Marcha de Malvinas y minuto de silencio 

El protocolo sonoro exige disciplina, pero los actos suelen ser secuestrados por extensos discursos políticos. El Ceremonial marca que la palabra debe ser cedida, primordialmente, a un representante de los veteranos, y la autoridad política debe ceñirse a un mensaje institucional breve. En cuanto a los símbolos musicales, la entonación del Himno Nacional Argentino debe realizarse en estricta posición de firme. A su vez, la Marcha de las Malvinas (canción patriótica oficial) no es optativa; es la pieza mandataria que sella la efeméride. Finalmente, el "minuto de silencio" –frecuentemente acompañado por el toque de trompeta– no es un espacio para aplausos intermedios. El protocolo indica inmovilidad y silencio sepulcral hasta que la orden se da por finalizada.

5. El desfile cívico-militar: primacía y logística 

En gran parte del país, la tradición municipal o provincial impone un desfile de cierre. Sin embargo, someter a los Veteranos de Guerra —hombres que hoy superan los 60 años— a esperas prolongadas a la intemperie o relegarlos al final de las columnas es una falla de cortesía imperdonable. El protocolo exige que encabecen el dispositivo marcando el paso de honor o, en su defecto, reciban los honores correspondientes desde un palco preferencial o una zona de confort logístico. El desfile es para honrarlos a ellos, no para que ellos decoren el acto del funcionario de turno.


El respeto a los 649 caídos y a los veteranos de guerra no se mide en el volumen de los discursos políticos, sino en el rigor de las formas institucionales. Un Estado que no sabe ordenar su estrado, tratar su bandera ni cuidar a sus héroes en un desfile, es un Estado que vacía de contenido sus propios homenajes.