Las justificaciones del Ministerio de Economía sobre la inflación y su afirmación de un "pico histórico de consumo" colisionan violentamente con la geografía urbana de San Miguel de Tucumán. Mientras en los despachos porteños se diseña un relato de reactivación apalancado en el crédito, el microcentro tucumano experimenta un vaciamiento físico: la proliferación de persianas bajas y carteles de "se alquila" en las principales arterias comerciales y galerías tradicionales expone el enfriamiento fáctico de la economía real.
En un claro intento por dominar la narrativa macroeconómica, el oficialismo descarta cualquier escenario de recesión profunda y celebra un récord de actividad. Sin embargo, extrapolar los balances financieros centralizados a la dinámica de la calle en el norte del país resulta en un diagnóstico falaz.
EDET, presión fiscal y desplome de ventas
El relato de una recuperación transversal se desmorona con solo caminar por las peatonales Muñecas y Mendoza, o al adentrarse en las históricas galerías que conectan el centro de la ciudad. Para el sector minorista tucumano, el escenario actual no es un bache temporal, sino la consolidación de un modelo de asfixia que destruye la rentabilidad. Los comerciantes enfrentan una ecuación matemáticamente inviable: un volumen de ventas estancado por la licuación del poder adquisitivo local, frente a una estructura de costos que se dispara sin freno.El éxodo en las zonas más cotizadas del centro no responde a una especulación del comerciante, sino a tres factores ineludibles.
- El tarifazo energético: las boletas de EDET han pulverizado la previsión de gastos de cualquier comercio tradicional, especialmente aquellos que requieren iluminación constante o climatización en una provincia de temperaturas extremas.
- La trampa tributaria: la voracidad recaudatoria no cede. Los regímenes de retención y percepción de Ingresos Brutos de la Dirección General de Rentas (DGR) provincial, sumados al asfixiante Tributo Económico Municipal (TEM), operan como una expoliación anticipada sobre márgenes de ganancia cada vez más estrechos.
- La rigidez inmobiliaria comercial: las exigencias de renovación de los contratos comerciales, la indexación acelerada y el cobro de expensas disparadas en galerías y consorcios han quedado totalmente disociados de la facturación real del retail tradicional.
El fin del "derecho de llave" y el mercado estancado
La parálisis comercial transforma radicalmente el mapa inmobiliario del área central. Históricamente, acceder a un local en el microcentro tucumano implicaba pagar fortunas en concepto de "derecho de llave" o fondo de comercio. Hoy, ese canon prácticamente ha desaparecido.El mercado de bienes raíces comerciales se encuentra en un punto de quiebre. Los propietarios de los inmuebles se enfrentan a un escenario sin liquidez: sostener pretensiones de alquiler irreales en este contexto solo asegura meses de locales vacíos, degradación del inmueble y acumulación de deudas por servicios y expensas a cargo del titular. Quienes no ajustan sus precios a la baja, contribuyen a la postal de persianas cerradas.
El repliegue forzado a la informalidad
En este contexto, abandonar el local marca una mutación forzosa. Ante la imposibilidad de sostener la estructura física en el centro, el minorista no protagoniza una sofisticada transición hacia el e-commerce corporativo, sino que ejecuta un repliegue táctico hacia la precarización.El nuevo refugio del comerciante tucumano es el showroom a puertas cerradas en departamentos residenciales o alejados del radio céntrico, sostenido por la venta en redes sociales y la logística de cadetería en moto. Es una retirada hacia los márgenes de la informalidad para amputar de cuajo el peso del alquiler comercial y el asedio tributario.

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