La falta de infraestructura hídrica se cobra vidas en la provincia. Mientras los ciudadanos enfrentan la desidia estatal, el oficialismo y la oposición reducen la tragedia a cruces de acusaciones y pedidos de renuncia, sin ofrecer soluciones de fondo.
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| Automóvil de la pareja fallecida, volcado y hallado en un canal en Villa Nueva Italia, Tafí Viejo. |
El colapso hídrico que atraviesa Tucumán no es una anomalía climática imprevisible, es la consecuencia directa de décadas de negligencia estatal. La tragedia no comenzó el último fin de semana con las tres muertes evitables en el gran San Miguel de Tucumán —una pareja arrastrada por la corriente en Tafí Viejo y un niño electrocutado en el barrio capitalino de Villa Angelina—, sino que es la continuidad del desastre ocurrido semanas atrás en La Madrid, una localidad del interior que volvió a quedar sumergida, repitiendo una postal de abandono crónico.
Frente a la catástrofe que se cobra vidas y destruye patrimonios, la dirigencia política ha montado un espectáculo obsceno. En lugar de ejecutar un plan de mitigación real, el oficialismo y la oposición han convertido la inundación en un campo de batalla retórico donde la prioridad es evadir responsabilidades y cobrarse facturas partidarias.
El circo de las renuncias y el oportunismo estéril
El síntoma más claro de esta degradación del debate público son los pedidos cruzados de renuncias que hoy monopolizan la agenda. En medio de la emergencia, la oposición exige que rueden las cabezas de los funcionarios provinciales a cargo del Ministerio de Interior, buscando capitalizar el descontento social con un trofeo político simbólico.
Exigir renuncias ante la inoperancia es un mecanismo republicano válido, pero en el contexto tucumano actual funciona como una cortina de humo. Cambiar el nombre del titular de un ministerio sin modificar el presupuesto, sin auditar qué se hizo con los fondos anteriores y sin presentar un plan de recambio técnico es una medida puramente cosmética. Cortar una cabeza no draga el río Marapa ni construye los desagües pluviales que faltan en la capital. Es pirotecnia verbal para los medios, demagogia pura que no aporta una sola solución de fondo.
La coartada meteorológica y el fracaso de la planificación
Por su parte, para justificar la falta de respuestas, el gobierno provincial que encabeza Osvaldo Jaldo, ha desplegado un "paraguas protector" discursivo basado en la estadística: argumentan que en estos meses llovió más de lo previsto para todo el año.
Este justificativo es técnicamente inaceptable para la gestión pública moderna. La tropicalización del clima en el norte argentino no es un secreto; es un dato científico comprobado hace más de una década. Gobernar basándose en promedios históricos obsoletos y utilizar las "lluvias extraordinarias" como excusa ante cada desastre es admitir la total ausencia de adaptación de la infraestructura. El Estado provincial fracasa porque se limita a gestionar la contingencia (repartiendo colchones cuando el daño ya está hecho) en lugar de prevenirla.
La parálisis nacional como chivo expiatorio
El segundo pilar de la defensa provincial es trasladar la culpa a la Casa Rosada, utilizando la innegable parálisis de la obra pública ejecutada por la gestión de Javier Milei como el escudo perfecto para justificar el colapso.
Si bien el freno al financiamiento nacional impacta severamente, usarlo como excusa absoluta es una falacia. Las obras de gran envergadura (sistematización de cuencas, canales aliviadores, diques de contención) llevan décadas de subejecución, promesas incumplidas y presupuestos desviados por múltiples administraciones tanto provinciales como nacionales anteriores. La "motosierra" de hoy es simplemente la coartada perfecta para ocultar la desidia acumulada de los últimos veinte años.
La alternativa técnica frente a la pirotecnia política
Mientras el oficialismo usa el clima y a la Nación como escudos, y la oposición pide renuncias sin presentar un solo proyecto técnico viable en la Legislatura, Tucumán sigue contando víctimas. La provincia necesita salir de esta trampa de mediocridad mediante.
Lo que Tucumán necesita urgente:
- Plan director hídrico: rediseño integral de las cuencas, elaborado por expertos de las universidades locales (UNT, UTN) y blindado por ley para que su ejecución no dependa de la alineación política entre la provincia y la Nación.
- Reasignación presupuestaria de emergencia: la provincia debe demostrar autonomía asumiendo obras críticas con fondos propios, lo que exige recortar de manera drástica e inmediata el gasto burocrático y político superfluo.
- Auditoría técnica y financiera: antes de discutir quién asume en lugar del funcionario que renuncia, es imperativo transparentar el destino de los fondos hídricos de la última década. Hay que explicar, con números y expedientes, por qué la provincia se sigue hundiendo.
